Juan Diego Castro
Juan Diego Castro. 1955. Fundador de JURISIS. Es su primer director y ocupa ese importante cargo desde el año 2000. Ejerce como abogado litigante y mediador/conciliador.
Incorporado al Colegio de Abogados de Costa Rica el 3 de mayo de 1979.
Realizó sus estudios en la Universidad de Costa Rica. En 1973, cuando cursó Humanidades, obtuvo el primer premio en el Concurso de Ensayo de Estudios Generales.
Licenciado en Derecho y notario público desde 1979. Obtuvo su especialidad en Ciencias Penales, en 1984, en el primer grupo de posgrado en Derecho que graduó esa misma universidad. Fundador de Asociación de Ciencias Penales de Costa Rica.
Ha participado en cursos especializados, congresos y seminarios en el país y en España, Italia, Austria, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Colombia, Ecuador, Panamá, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, México, Estados Unidos, Trinidad y Tobago, República Dominicana y Aruba.
Ha dedicado su carrera como abogado litigante a la atención de procesos penales y civiles relacionados con delitos empresariales, delitos ambientales, fraudes inmobiliarios, delitos informáticos, delitos contra la propiedad intelectual, delitos contra el honor, delitos financieros, accidentes de tránsito y mortuales conflictivas; así como a la docencia y a la investigación científica.
Como abogado le ha correspondido atender cientos de casos en los Tribunales de Justicia en toda Costa Rica, representado exitosamente a las víctimas y a las empresas ofendidas.
Desde los inicios de su vida profesional, muchos de los litigios en los que ha participado han sido cubiertos por los medios de comunicación colectiva y la opinión pública lo conoce por su seriedad, su rigor profesional, su excelente oratoria y sobre todo como defensor acérrimo de los derechos de la víctimas.
Fue el pionero de la informática jurídica en Costa Rica. Fundador y Vicepresidente de la Federación Iberoamericana de Derecho e Informática 1984, en Santo Domingo, República Dominicana. Publicó su libro “Juristas y Computadoras” en 1991. Fue el primer abogado costarricense en estudiar el delito informático (Revista Judicial 41, 1987). Ha participado como conferencista y ponente en la mayor parte de los Congresos Iberoamericanos de Derecho e Informática, celebrados en Europa y América Latina. Fue fundador de la Asociación Costarricense de Derecho e Informática. Presidió la Comisión Organizadora del Noveno Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática, “Justicia e Internet”, San José, abril 2002.
Como catedrático por la Universidad Autónoma de Centro América (1994) y por la Universidad Escuela Libre de Derecho (2000), se dedicó durante dieciocho años a la enseñanza del Derecho Penal General y la Criminología. Desarrolló el “Algoritmo del Delito en el Derecho Penal Costarricense” para explicar los presupuestos de la punibilidad a sus alumnos y a sus colegas; introdujo el estudio de la Victimología en la enseñanza del Derecho en Costa Rica. Fue el pionero de la “Oratoria y estrategia forense”, con sus seminarios y talleres a nivel universitario.
Ha publicado más de cuarenta artículos sobre temas de Derecho Penal, Derecho Procesal Penal, Criminología, Delincuencia y Periodismo, Victimología, Informática Jurídica, Enseñanza del Derecho, Derecho Médico y Derecho Informático.
Desde 1987 ha participado como conferencista en casi todas las Jornadas Medicina Legal, que se celebran anualmente en nuestro país. Fundador de la Asociación de Derecho Médico de Costa Rica y durante varios años impartió la clase de “Mal praxis médica” y “Ética Ciudadana” a los nuevos profesionales que se incorporon al Colegio de Médicos y Cirujanos de Costa Rica.
Fue Ministro de Seguridad Pública y de Gobernación y Policía, de mayo de 1994 a julio de 1996. Impulsó la promulgación de la Ley General de Policía, encabezó la reorganización y el fortalecimiento de la Fuerza Pública, combatió la corrupción y el desorden en esos ministerios, propuso importantes reformas al Derecho Penal y Procesal Penal, se opuso abiertamente a la politiquería, se enfrentó a la delincuencia y presidió el GAFIC (Puerto España, Trinidad y Tobago) dedicado a la lucha contra el lavado de activos.
Fue Ministro de Justicia y Gracia, de 1996 a 1997, encargándose directamente de reorganizar el Registro Nacional, enfrentar la corrupción e imponer sistemas de control y prevención de los fraudes registrales. Desde entonces el despacho ministerial funciona en esa institución.
Al concluir su cargo como ministro, fue injuriado por el diario La Nación, atribuyéndole falsamente hechos que no cometió, por lo que los acusó criminalmente, logrando que condenaran al director y a dos periodistas al pago de las multas respectivas y al periódico a cubrir una importante indemnización por daños y perjuicios a su favor, así como a publicar la sentencia en las diez primeras páginas de ese medio, fallo cumplido el 22 de octubre de 1999. Publicó dos libros sobre este caso: “La Nación condenada ¿Por qué?” (1998)” y “Los embusteros de la mala fe. Siete años de antiperiodismo furibundo” (2001).
Fue Presidente del Colegio de Abogados de Costa Rica, entre el 2000 y el 2002, electo por la mayor cantidad de votos obtenidos hasta entonces por quienes se habían postulado para ese cargo. Encabezó la lucha contra la corrupción universitaria, señaló a los que graduaban licenciados en Derecho en año y medio, impulsó el proyecto de ley de examen de incorporación a los colegios profesionales, reorganizó la fiscalía, fortaleció las áreas académica y de incorporaciones, impidió el desperdicio de los recursos, impulsó la construcción del edificio académico e propició la reforma del derecho contravencional costarricense.
En el 2005 publicó otros tres libros: “Hechos y Derechos”, “Entre columnas” y “Crímenes contra la democracia”. Sobre estos escritos Carlos Morales, premio nacional de novela -2009-, escribió: “En una sociedad cada días más cínica, donde la doble moral, la hipocresía, la traición, el servilismo y la engañifa se vuelven instrumentos usuales de ascenso político, económico y social; estos textos –rescatados de la prensa- vienen a ser no sólo una transgresión al entorno, sino una estocada a la instituciones descompuestas de la Costa Rica actual. Comprometidos con los temas más diversos, pero con especial énfasis en lo judicial, lo educativo, lo ético, lo político, y siempre apegados a la actualidad, fueron concebidos entre 1988 y 2004, y revelan un espíritu de rebeldía, de análisis crítico y de inobjetable transparencia que los hace vigentes y sonoros, como campanada de alerta en el devenir de la sociedad. El autor no tiene fisuras en la pluma, es dueño de un lenguaje límpido y contundente, se franquea con el lector para denunciar, sin cortapisas, los más podridos abscesos de nuestra vida diaria. No teme al que dirán ni a la red de fariseos que han acaparado altos círculos de poder. Con valentía y puño de hierro, los exhibe, los desenmascara y los reta y como eso viene haciendo desde quince años atrás es posible imaginar que a muchos habrá defenestrado ya.”
A pesar del tiempo que dedica a la dirección de JURISIS y a la seria atención de sus casos, no le han faltado instantes para escribir sus poesías, y ha publicado tres obras:
“Tiempo de chumicos” (2003), presentada por el Presidente de la República Dr. Abel Pacheco, quien dijo: “…me dio la oportunidad de leer sus “Haikus”, sus palabras esenciales. Y las encontré, en la forma, representativas del hombre que conozco: un Juan Diego Castro directo, franco, con gran economía y agudeza en el decir y con gran eficiencia en el uso del lenguaje. Cada haiku dice, exactamente, con las sílabas indispensables, lo que el poeta quiso decir. Son cien “disparos con mira telescópica” que dan con precisión admirable en el punto al que iban dirigidos. No hay en ellos retórica innecesaria, no hay “cháchara” literaria, hay esencia y motivo. Y es que así es Juan Diego, como su obra, directo, franco, valiente. Lo es como ser humano y lo tenía que ser, inevitablemente, como poeta. Pero, esta lectura, también me permitió conocer al otro Juan Diego, al íntimo, al padre enternecido ante su hija; al hombre enamorado de la mujer, al ser humano planetario, parte del cosmos y, al mismo tiempo, al tico apegado a su tierra, a esta pequeña parcela de mangos rojos, cascadas azules, tempisques briosos y garzas como potras en la nube del pasto. El descubrimiento de ese Juan Diego íntimo y poeta, confirman el perfil profundamente humanista que marca su actividad de jurista. Con Juan Diego he conversado de otras cosas ajenas a la poética y, sin embargo, en todas ellas siempre he percibido esa marca intangible de quien ve el mundo con ojos de poeta. Me ha contado su dolor, su angustia y su furia ante la violación de una niña; ante la violencia contra una mujer; ante la negación de justicia contra un hombre honrado. Todo lo dice con pasión, con convicción.”
“Cosecha de trompos” (2008). Dice el mismo autor: “En aquellas emociones de letras nuevas, ni siquiera sospechaba que cuatro mil años atrás, los chiquillos de la vera del Éufrates se divertían con trompos de arcilla. Desconocía entonces, que Platón los utilizaba como símbolos del movimiento y que Aristófanes fue un gran aficionado a ellos.[] Tampoco sabía que en nuestra América, antes de la llegada de Colón, ya existían los trompos, en manos de niños y de chamanes. Muchos años después, cuando leí a Matsuo Basho, me enteré, también, que los japoneses convirtieron este juego en un arte, haciéndolos danzar en las hojas de sus filosas katanas. El primer trompo que me obsequió mi padre, el sembrador, fue torneado en cocobolo por mi tío masón y con ellos, con los tres -papá, trompo y maestro-, aprendí la belleza de la sencillez, la sabiduría de sus pequeñas grandes órbitas y la fuerza del equilibrio. La vida, entendí, es una peonza que gira sobre la punta de la libertad, en la que sitúa su centro gravitatorio de forma perpendicular al eje de giro del aquí, equilibrándose sobre un punto existencial gracias a la velocidad angular del ahora, que permite el desarrollo del efecto giroscópico de la conciencia”.
“Vértices de mis hamacas” (2009). Miguel Fajardo, Premio Nacional de Educación 2008, comentó: “…es una propuesta fervorosa con las raíces lúdicas de la infancia, cuyo acento está en cada uno de nosotros, con un ojo abierto y otro cerrado, dispuesta a despertarnos en el momento preciso. La hamaca es un cronotopo y una travesía. Sus ondulaciones son marcas deícticas presentidas: me toca a mí, vos ya te montaste, voy yo, siguen Elena, Sara y Juan Diego, etc. Las hamacas son huellas cosmovisionarias en el universo de la cercanía, de lo pequeño, pero necesario y trascendente, para equilibrar el destino de la velocidad actual. Sus vaivenes signan el oleaje encendido de la esperanza en los mecates sin fronteras. Su demarcación es territorio recreativo en la identidad holística del factor humano. Otro acierto de este poemario es la incorporación de diversos elementos de la naturaleza, lo cual le confiere el marco de una frondosidad telúrica, un fuego de vida: su existencia estelar con una niñez aún no globalizada”.
Desde el año 2001, todas las semanas publica “Palanca”, su columna de opinión, en el diario La Prensa Libre. http://www.prensalibre.co.cr
Juan Diego Castro es consultado constantemente por sus colegas, por estudiantes de Derecho que investigan para sus tesis y por periodistas de muchos medios de comunicación, impresos y electrónicos, sobre temas jurídicos, criminológicos y victimológicos.
Elaboró, el proyecto de ley denominado “Defensa Civil”, que fue presentado por JURISIS a la Asamblea Legislativa, en marzo del 2007 y contenía importantes reformas a la legislación penal y procesal penal, para enfrentar la delincuencia y elevar la protección de los derechos de las víctimas. Algunas de las propuestas fueron tomadas en cuenta en la ley 8720 del 4 de marzo del 2009, entre las que destaca el agregado al artículo 7 del Código Procesal Penal, que incorporó el “restablecimiento de los derechos de la víctima” como objetivo del proceso penal.